Amigos

Una vez, no hace mucho, un antiguo compañero de piso me dijo: “En realidad no existe el concepto de “amistad” tal y como lo conocemos.  Existen los amigos de días (que te aportan, pero no terminan de cuajar en tu vida), amigos de meses (que te lo pasaste genial con ellos, pero no fue suficiente), amigos de años (que parecen los amigos de toda la vida, pero que en un momento determinado desaparecen), y los amigos de toda la vida (que hagas lo que hagas y vayas adonde vayas estarán ahí)”.

En aquel momento yo pensé que era un perroflauta, que había sacado la frase de una película de Tarantino en alguna escena antes de matar a alguien. Pero luego me di cuenta de que tenía sentido, o que al menos se podía aplicar en mi vida. De hecho, lo hice… y estuve meditando varios días sobre aquello… Cada vez cobraba más sentido.

He tenido la suerte de contar con grandes personas que me han ido acompañando a lo largo y ancho de mi vida, días estupendos con gente maravillosa, meses imborrables que te hacen ser mejor persona, amigos que me han aportado una cantidad de cosas tan importantes que algunas de ellas son ahora parte de mi. He vivido mundo con ellos, sin moverme de casa. Consiguieron abrir mi mente sin ni siquiera estar presentes, una conversación a través de Skype fue suficiente… pero misteriosamente casi todos han ido desapareciendo en el mismo momento: Cuando yo dejaba de insistir para mantener el contacto.

Hice introspección, pensando que era yo la culpable de ver que mientras yo quería seguir manteniendo contacto, solo recibía: “a ver si nos vemos” “a ver si quedamos” “que de tiempo, como estás? Yo muy liada lo siento”. De hecho hubo una semana horrible en mi vida, pensando que me quedaría sola por “mala”. Como si fuera un castigo divino de la edad de preescolar.

Con alguno de estos he conseguido volver a hablar, y siempre me han dicho lo mismo: “No sé porqué tardamos tanto en vernos”. Pues eso digo yo… Que me quedo como una gilipollas esperando a que me contestes un puto whatsapp, o un email, o un skype, o un mensaje de hace días y tienes la poca vergüenza de contestarme que no has tenido tiempo, mientras he podido comprobar con mis propios ojos (y ordenador portátil con conexión a internet) que sigues actualizando twitter, facebook, tumblr… ¿Qué te cuesta un: “Hola, ahora no puedo hablar”? o mejor aun “Hola, no me apetece hablar”.

Desde que tengo un teléfono móvil con el que puedo ver mi correo, y la app de mensajería instantánea: whatsapp, reconozco que es más estresante contestar a los demás. Un clásico es mirar el email en el metro, y pensar: “Cuando llegue a casa le contesto”, y cuando llegas a casa vas al baño, haces la comida del día siguiente, haces la cena de ese mismo día, miras el facebook, twitter y cuantocabron desde la cama con el móvil y te duermes. Y al día siguiente vuelves a ver el email abierto y los 50 mails nuevos. Y vuelves a pensar lo mismo. Así hasta que un día se alinean los astros y tienes el tiempo suficiente para coger el teléfono y escribir un: ola que ase.

ola ke ase perro

Esta vida es frenética, y entiendo perfectamente que no demos abasto con las relaciones personales de cada uno, pero pienso que siempre existe un minuto donde poder coger el teléfono y escribir algo para que el receptor se quede tranquilo.

Esto puede ocurrir con amigos de días, meses, años… Pero eso jamás se hace con un amigo de toda la vida. Por esto me planteo, que si realmente una persona no se interesa en otra durante mucho tiempo, y que además alega causas absurdas cuando la otra persona reclama “atención”… eso, señores, eso no es más que un amigo con fecha de caducidad.

Por eso para mi los amigos de días y los de meses van en el mismo paquete. Aunque aportan mucho, desaparecerán algún día dejando tras de sí una incomprensible razón por la que marcharse. Los amigos de años, son aquellos con los que en algún momento las conversaciones se alargan en el tiempo y cada vez os veis menos… pero les recuerdas con ese cariño especial y procuras verlos en ocasiones muy especiales. Y los amigos de y para toda la vida se conocen en cualquier momento y … a esos no hace falta recordarlos, porque continuamente están presentes en tu vida. Y aunque os llaméis de “higos a brevas” el tono de voz, el cariño y la complicidad siempre van a estar presentes, y los abrazos de cuando os veáis siempre van a ser un segundo más largo que un abrazo habitual, y ese segundo sobra para transmitir todo lo que os habeis echado de menos.

Qué suerte tengo de haber tenido tantos amigos de meses y días. Y más aun de tener amigos de toda la vida. Sin ellos a veces uno no es nada.

En fin… uh, vaya lío.

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