Miliki ha muerto

Los domingos por la mañana que no tengo que salir temprano a correr, me gusta quedarme en la cama hasta aburrirme. Por suerte aún me lo puedo permitir. Cojo el iPhone y husmeo en el twitter, que se ha convertido en mi fuente de información por excelencia.
Normalmente hay trendings topics insípidos, pero esta mañana ha sido distinto. De golpe y porrazo, nada más abrir los ojos, como si de un mal sueño se tratara me encuentro con el siguiente titular: Miliki ha fallecido a la edad de 83 años por neumonía.
Sinceramente, aunque la noticia es de lo más normal (quiero decir, que si una persona con 83 años tiene una fuerte neumonía, supongo que es lógico que no aguante…), me cuesta creerlo y releo la noticia varias veces. Y mi cerebro, cómodo con el silencio de domingo mañaneril, decide hacer un repaso a mi vida, y a lo que este señor ha sido en ella.
Mi primer recuerdo de Miliki fue muy pequeña. Tanto, que no soy consciente de la edad que tenía. “-¿Cómo están ustedes?” sea probablemente la primera frase que escuché de él, y que me gustaba repetir a grito pelao’ en modo bucle por el pasillo de casa, aunque mi canción favorita fuese “La gallina turuleta” (a la que yo llamaba piruleta sin miramiento alguno…). Recuerdo a mi padre cantarme y hacer el teatrillo de “Susanita tienen un ratón”, y a mi madre cantarme una y otra y otra y oooootra vez la de “Mi barba tiene tres pelos”. También en la guardería, en preescolar… Canciones suyas para poder jugar y mantenernos “tranquilos” a la manada de fieras que éramos por aquel entonces. Mis hermanos nacieron (uno en el 87 y otro en el 92), y con ellos llegó de nuevo el cantar cancioncitas, con el consiguiente baile/desfile en el pasillo de casa. Hijos de amigos, que han hecho que cuando iba de visita tuviese que cantar con ellos las famosas cancioncitas. Ya de más mayor, lo recordé de nuevo con aquel anuncio (a mi entender dejaba mucho que desear…) del recopilatorio: “A mis niños de 30 años”, aunque yo tuviese por aquel entonces unos 20, me dio nosequé verlo. Una vez tuve la gran suerte de conocerle. Me di cuenta entonces que la imagen que tenía en esos momentos en televisión no era en absoluto la real. Probablemente grabaron videos, canciones y demás material para televisión y dvds mucho antes. El recuerdo que tenía no era para nada lo que me encontré aquel día. Un anciano tranquilo, sereno, pero como los demás. No se hacía oir en plan: “Eh miren soy un famoso, adorenme”. Yo trabajaba en una tienda de Apple, y él fue a comprar un aparato para el iPod de uno de sus nietos. Ese día mantuve una pequeña conversación sobre lo deprisa que iba el mundo, y el máximo gesto que pude hacer por agradecerle todos esos buenos ratos de pequeña con mis hermanos, fue cogerle la mano y mirarle a los ojos.

Ahora, mis sobrinos, cantan las mismas canciones con la misma intensidad con la que mis hermanos y yo las cantábamos. Cuando le ven en los videos, lo hacen con los mismos ojos de ilusión con los que seguramente yo le miraba cuando salía en televisión. Le reconocen, y “se saben” las canciones. Y eso, aparte de hacerme ver lo vieja que me voy haciendo… me hace sentir nostálgica, y me hace pensar que Miliki ha sido (y gracias a internet y los archivos de televisión que se repetirán una y otra vez lo seguirá siendo por muchos años más) una especie de cápsula del tiempo, en la que bebés, niños, adolescentes, adultos y ancianos al menos una vez, sintieron lo mismo escuchándole.